¿Sabés qué es lo bueno de postear lo que dibujo en redes sociales?, que siempre tengo alguien que como no se anima a dar el paso me sube la autoestima diciendo que dibujo hermoso.

Yo soy consciente que esto no es así, que me falta mucho para poder compartir cosas de calidad. Soy consciente de que la práctica da sus frutos porque lo compruebo con mi hija que en apenas un año en el que no para de dibujar cada día, ahora es una verdadera artista. Si no me crees, mirá los cambios de estas dos fotos:

¿Impresionante no!

Por eso tengo un mensaje para vos. Para vos que mirás lo que otros hacen y seguís con la creencia de que no sabés dibujar, que no naciste para eso y que jamás te animás a empezar.

Yo publico lo que hago a propósito. Como comentaba no hace mucho, lo hago para que muchos se den cuenta que si yo dibujo, dibuja cualquiera; que dibujo porque me gusta, porque lo disfruto y me hace bien, porque es una manera de expresarme y que eso, con la práctica, siempre mejora. Si todos dejáramos de hablar porque «no sabemos cómo explicar las cosas» o «no tenemos gracia para hablar o vocabulario»; pues seríamos todos mudos ¿no te parece?

Cómo empecé

Dibujar siempre me gustó, pasa que cuando yo era chica estaba este mito de que artista se nacía y que dedicarse al arte era morirse de hambre. Entonces… nada, dejé poco a poco de dibujar. De hecho en la escuela odiaba plástica. Pero garabateaba, mucho, todo el tiempo.

Cuando comencé a educar en casa a mis hijos, mi primera impronta fue acompañarlos y motivarlos en todo aquello que disfrutaran: ¿dibujar?, que lo hagan, las horas que quieran, de la manera que se les cante. ¿La casita con techo violeta?; sí, ¿por qué no? ¿Flores cuadradas?, venga, ¡me encanta!

Esto significó también reconectar con mi propia creatividad y me puse a seguir gente en las redes que se dedicaran al arte. Entre esas personas, encontré a Anca Balaj; una ilustradora cuyo libro me hizo despegar. Se llama «Creatividad antiestrés» y fue como una iluminación. Lo fue porque en ese libro ella habla de cómo tomar el dibujo como casi una terapia. Con ese libro fui soltando la mano, luego conocí a Austin Kleon con quien aprendí que uno no tiene porqué tener miedo a mostrar lo que hace y finalmente con Amy Johnson Maricle, con quien siempre encuentro inspiración y amor por el arte.

También me fui animando a hacer algunos cursos online, como el de Introducción a la ilustración infantil de Alfonso Serra que me ha gustado mucho. Poco a poco voy animándome a más, a experimentar, a cometer miles de errores de los que aprender. Algunas cosas me encantan cómo me quedan, otras realmente las detesto. Pero sigo adelante.

Yo creo firmemente que todos nacemos creativos, curiosos y capaces.

Por supuesto que puede haber algunas excepciones porque no todos somos iguales y hay quienes tienen mucha más facilidad para ciertas cosas que para otras, pero no creo que sea algo tajante sino que el interés también entra en juego. En el caso del arte o la creatividad , estoy segura que todos nacemos parejos.

Una de mis últimas exploraciones en lienzo.

Todos cuando niños actuábamos, cantábamos, dibujábamos, inventábamos historias y hasta eramos capaces de «ver» amigos imaginarios. Luego viene la educación formal y ya sabemos qué pasa, ¿no? Y ese es el meollo de la cuestión.

Adaptativos vs rebeldes

Hay niños que se adaptan a las circunstancias y otros son más rebeldes, lo sabemos bien.  Sin embargo lo que intento no es hacer la típica distinción entre los que «se portan bien» y los que «se portan mal»;  sino justamente entre aquellos niños que quizá por ser más sensibles, más centrados en agradar a los demás o en hacer lo que se les dice (así como era yo de chica) se va creyendo ciertos patrones que nos imponen de afuera, muchas veces incluso de forma inconsciente.

Mis padres, por ejemplo, fueron personas que me han apoyado mucho en la vida, pero como cualquier adulto hacían comentarios en la mesa, establecían una visión de su mundo y entre esas visiones estaba que para salir adelante había que estudiar, que uno nacía con un talento para esto o para lo otro.

Así que yo me formé con la idea de que apestaba cantando, apestaba dibujando, apestaba actuando y que si apestaba nunca iba a salir adelante porque me iba a morir de hambre en el intento de andar por esos caminos.

Y si en la escuela me cazaban dibujando mientras la maestra explicaba, o incluso en la clase de plástica si dibujaba cualquier otra cosa que no fuera la indicada, o si me veían  leyendo un libro que no era el que me habían dado… zacate, la nena adaptativa dejaba de «portarse mal».

Sin embargo los que hoy viven de hacer los que les gusta, ganen fortunas o no, sean famosos o no, son esos que a la larga en cuanto la maestra se daba vuelta seguían dibujando, en cuanto la madre pegaba el portazo porque en vez de hacer la tarea estaba con la guitarrita, esos…. los que supieron ejercer la disciplina del andacagarismo más fácil que los demás, ahora son gente «de talento».

Pero si lo piensan no es que sean nacidos con talento, su único talento en definitiva fue no escuchar a los demás, hacer carne su pasión o interés y darle para adelante.

Esa gente  solo tiene más práctica que todos los demás, esos que piensan que no pueden hacer tal o cual cosa porque no son buenos o no nacieron para ello. Mentira, solo les faltó más práctica nacida desde la rebeldía natural; y con eso sí algunos nacen y otros necesitamos ciertos cachetazos de la vida para empezar a rebelarnos.

Pobres en realidad lo que nunca se rebelan en absoluto.

Así que desde que me llegó la crisis de los 40 me puse en la tarea de hacer todo lo que siempre me gustó hacer y no hice porque…. por eso… por pavota.

Como te contaba, lo que me ayudó en soltarme, sobre todo en dibujo,  fue «Creatividad antiestrés» de Anca Balaj.

Si tenés la posibilidad compralo, yo lo hice en formato kindle. Es un libro que no te va a enseñar sobre perspectiva, ni líneas gruesas y finas, ni gama de colores. Esas cosas con las que te torturan en la escuela, sino que ayuda con ejercicios simples a  pensar fuera de la caja (o sin caja en absoluto) y expresarte como  salga.

Además el libro apunta a tomar el hecho de dibujar y pintar como una manera de bajar unos cuantos cambios, de dejar el estrés de lado y para ello da una clara introducción sobre el tema.

El arte como terapia

El arte en cualquiera de sus manifestaciones es de una importancia suprema, como les gustaría escuchar a algunos: está científicamente comprobado.

El arte ayuda no solo al desarrollo de la creatividad, sino en muchísimos otros aspectos como: la canalización de la energía, la expresión y comunicación personal, la comprensión del mundo, etc. Pero quiero destacar acá la enorme importancia que tiene en cuanto catarsis.

El arte ayuda porque nos pone a pensar diferente, nos insta a aquietar la mente.

Si no me creen hagan una prueba, agarren cualquier librito para colorear y pónganse a pintar tranquilos, sin apuros y si pueden acompáñense con una música relajante y después me cuentan.

Esta forma parte de uno de mis últimos desafíos en el que estoy participando.

No es que la mente se  ponga en blanco y de pronto se  diluyen todas las preocupaciones, pero sí vas a pensar de manera más sosegada, vas a necesitar usar una parte del cerebro que tiene que ver con lo motriz. Y aunque eso parezca cosa ‘e mandinga, como dice el dicho, de pronto te das cuenta que estás pensando en cualquier otra cosa en vez de eso que te está preocupando.

Muchas veces cuando sentí ganas de llorar (me pasa mucho últimamente) ponerme a dibujar y pintar me cambia rotundamente el humor. No digo que después voy por la casa cantando y bailando, pero sí siento que ese nudo en la garganta se va deshaciendo y que esa pesadez en el pecho se ablanda.

Al principio no quería saber nada de mostrar lo que estaba haciendo, ahora – que estoy aprendiendo mejor eso del andacagarismo – quiero mostrarlo porque, insisto con esto, puede haber allá afuera otros como yo que piensan que les fascinaría pintar y dibujar pero no nacieron para ello.

Empezá por no escuchar esa vocecita interior que no es tuya, es una voz prestada de afuera, agarrá compráte lápices, fibras, un cuaderno cualunque, o esa guitarra o ese violín que siempre quisiste tocar, y empezá, hacé, divertite.

Y después fijate el cambio que hay en tu vida.