¿Por qué tengo fiaca? La fiaca (1) suele ser algo normal para mí en verano; el calor me desploma, me consume toda  la poca energía que suelo tener en esta época del año. Sin embargo siempre me resultó fácil combatirla de alguna u otra manera. Creo que, salvo contadas excepciones, el 99,9 % de la población debe haber padecido fiaca.

Pero a veces se vuelve imposible. Me acuesto, doy  vueltas en la cama y me vuelvo  a levantar. Intento dibujar y siento  que no se me cae una idea. Me debo tomar unas 3 o 4 tazas de café. Y, por supuesto, no me permito sentir fiaca aun cuando sea Domingo porque realmente tengo muchas cosas que hacer y me siento culpable.

La imagen de la derecha, fue lo que me salió finalmente por la madrugada el otro día, cuando ya no daba más de sueño pero no quería irme a dormir hasta no estar 100% segura que me iba a hacerlo. Fue uno de esos días en que el cuerpo te duele entero, todo te bajonea y encima te invade la culpa.

Derecho a no hacer nada

Estamos acorralados por una sociedad que nos vive bombardeando con la idea de productividad, eficacia, utilidad, etc. Parece que si uno dedicara un par de días a recuperar horas de sueño, mirar la tele o rascarse; está «perdiendo el tiempo», malgastando su vida. Esa vida que es una sola, tan corta, tan limitada.

Sin embargo, no hacer nada es nuestro derecho. Para eso están los días libres: para que los usemos como se nos de la regalada gana.

Así como el cuerpo avisa cuando tiene hambre rechinando la panza o la sed cuando hay que hidratarse; la fiaca es un llamado de atención.

Esos días en que me ataca la fiaca, suelo llamarlos diplomáticamente…

Si, es una traducción al inglés que no existe; pero si te da dudas busca qué es «straw» en inglés y cómo se usa esa palabra en Argentina… vamos no me lo hagan explicar aquí que es un  blog ATP.  XD

El problema real

El problema se da cuando la fiaca se instala en nuestro día a día y empezamos a procrastinar. Nos empezamos a llenar de excusas, nos sentamos a esperar las «condiciones adecuadas» para realizar algo o interponemos interrupciones todo el tiempo.

Acá es donde se vuelve todo más difícil y es donde hay que pararse a pensar: ¿por qué realmente no quiero hacer lo que tengo que hacer? Porque incluso no es algo que «tenemos» que hacer, a veces es algo que realmente «queremos» hacer y así y todo se nos chiflan las ganas.

En estas situaciones me he dado cuenta que yo pierdo el foco porque ESO que tengo o quiero hacer no sé cómo hacerlo. O porque tengo miedo de que me salga mal. A veces las vocecitas criticonas que tenemos adentro son evidentes, estridentes, nada ignorables; pero otras… uff son difíciles de percibirlas porque vienen disfrazadas de muchas maneras. Entre esos disfraces, está la fiaca.

Enseguida me doy cuenta que algo pasa cuando entro a dar vueltas y vueltas y más vueltas. Entonces, antes de marearme: paro, medito y acciono.

Lo peor que uno puede hacer cuando está en esta situación, es someterse al no hacer nada, a esperar que llegue el «momento correcto» o que «se nos pase».

Lo que suelo hacer

Vamos a tomar un ejemplo práctico cotidiano en mi vida, vos podés llevarlo a cualquier situación de tu propia rutina.

La mayoría de las veces me levanto y tengo una punta de emails por responder. Por supuesto algunas consultas son similares y tengo una especie de «plantilla» para responder, aunque siempre tengo que adaptar ese formato pero no me lleva tanto, es básicamente copiar y pegar y luego corregir algunas cosillas. Otros mails son casos particulares con los que tengo que invertir más tiempo en responder con cuidado.

Bien, supongamos que entonces me levanto con cero ganas de responder mails. Digamos que ninguno de ellos se presentan como urgentes y pueden esperar. Pues nada, me impongo en ese momento responder al menos dos mails. DOS, y nada más. No ninguno, dos. El problema es sucumbir, como decía, «al después los respondo». No, no y no… hay que HACER, no todo pero al menos AlGO.

Por lo general me encuentro que como ya estoy en el baile, termino bailando y en vez de dos respondo 5.

Otro ejemplo podría ser el ordenar algo puntual que debe ser ordenado y no dan ganas. Por ejemplo en mi caso puede ser la mesa del living llena de libros, papeles, cuadernos, etc. Me frustra verla desordenada pero tampoco tengo ganas de ponerme a ordenar. Recuerden la premisa: ALGO, no todo pero ALGO. Entonces agarro al menos los libros y los pongo en la biblioteca, junto los cuadernos y las hojas y las acomodo para que haya lugar en la mesa.

Listo… cuando quiero darme cuenta finalmente ordené toooooda la mesa.

Parece una pavada, pero lo único que combate la fiaca es la acción.

Sí, ya sé. Seguro querías una receta más mágica pero no la tengo, lo siento. Me encantaría poder ser mi bella genio, pestañear y que todo quede ordenado, respondido, realizado; pero no soy mi bella genio.

Cuando la fiaca me agarra para hacer algo que disfruto, como dibujar; es peor porque uno siempre encuentra cosas «más urgentes» para hacer. Acá me doy cuenta que la fiaca viene arraigada de algo más, como decía más arriba, posiblemente miedo a hacerlo mal.

Entonces me propongo hacer también algo… ALGO. No NADA. En vez de intentar reproducir a la Mona Lisa, hago un collage, o un zentangle.

Hay muchas cosas que me dan fiaca por miedo, como el Ukulele. Me compré uno precioso, lo afiné, me puse a aprender algunas canciones y luego lo dejé medio tirado porque…claramente hay que dedicar tiempo a aprender un instrumento, hay que estar capacitado para escuchar lo mal que uno toca y tenerse paciencia. Ese es uno de mis objetivos este año, poder aprender a tocarlo al menos decentemente.

¿Y ustedes? ¿Cómo combaten la fiaca?

 


(1)fiaca:Estado en el que una persona tiene falta de voluntad, entusiasmo o energía para emprender algo o desarrollar alguna actividad.